Creí que mi ángel guardián esta vez me ayudaría a volar (y bailar) pero terminó siendo una ilusión.
Me sentía fuerte y vivaz, incluso mi imaginación volaba y vivía futuros inciertos, llenos de lo que había perdido hace tiempo. Con ganas de volver a revivir mi infancia, de poder tocar la arena junto al mar, correr sin dirección. Simplemente sintiendo, con la adrenalina en mis venas mientras el cielo resplandeciente me aliviaba las penas.
Hoy estoy bajo otra tormenta, completamente desnuda. Ya he tirado mi ropa lejos cuando me declaré al amor partido, el frío se avecina y no encuentro mas abrigo que mis propias manos.
La suerte hoy me deja morir de frío bajo la lluvia, contemplándola desde muy cerca mientras las lagrimas se mezclan con gotas evaporadas.
Hoy no moriré, hoy no estoy sufriendo, solo lamento lo esforzado y perdido.
Mi piedra divina ha muerto para dejarme suspendida en el aire.
Mis pies ahora están lejos de la tierra, mientras el viento me lleva junto a la lluvia por un viaje melancólico y tormentoso, esa lluvia que no se espera porque se sabe que inundará todos los pensamientos que se han construido hace tiempo.
Y lo repito de nuevo, me dejaron suspendida en el aire, y no se con que montaña chocaré esta vez.
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