Y cambió, todo cambió.
Siempre en cada viaje las cosas cambian de lugar, otras se modifican y las que se encuentran en el fondo del mar se aproximan a la orilla.
Cada paso y cada visión se convertía en un eslabón nuevo, en una construcción nueva en mi cabeza.
Las olas venían a mi pies y las invitaban a pasar un lindo hospedaje en sus mares. Debo admitir que mas de una vez quise entregarme al océano y perderme en él, pero algo me detuvo, ya sabré porque.
Granizo fuerte en mi corazón, por mucho tiempo, era como el final de una temporada, cuando se necesita desahogar para darle paso a un cambio permanente, para llenar el nuevo vacío.
¿Que puedo decir? el último día el cielo me iluminó con un maravilloso arco iris. Para mi fueron señales, señales que aparecieron a la siguiente madrugada, a las 4:26 am, un líquido recorría por mi cuerpo y descargaba una luz al exterior para darle el comienzo del fin de toda esta historia.
Volviendo del viaje me sentí extraña, muy extraña, como en el cuerpo de otra persona recién creada, y aunque añoré la historia pasada me agradó volver a interrogar mi futuro.










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