Las lagrimas caían como gotas de lluvia, su rostro escondido ya no tenía miedo de ser visto, estaba a punto de salir corriendo con la decisión de perderse. Herida, desilusionada y perdida no encontraba mas escapatoria que dejar el alma suelta.
Pero de repente escuchó una melodía que tranquilizaba esas gotas saladas. Los sollozos iban disminuyendo a medida que la música se iba acercando.
Ahora si tenía miedo de ser vista, ¿como podía ser que la proveniente de esa hermosa música podía estar observando y esperando que destapara su rostro?
Tenía miedo de ser descubierta por una bella dama, estaba tan segura de aquello con solo escuchar su bello instrumento sonar.
Porque a medida que iba notando cada nota de su música iba descubriendo las maravillas que llevaba dentro.
Por un momento se dejó llevar por su música y con un poco de miedo destapó su rostro, para contemplar ahora la bella imagen que visualizaba.
Y estaba en lo correcto, una bella dama llevaba un violín en su brazo mientras con los ojos cerrados interpretaba su hermosa melodía.
Y con una sola mirada entendió todo
-Dejate llevar.
Se levantó despacio, con un poco de miedo quizás. Pero con tan solo ver sus ojos sentía cada vez mas confianza de si misma, y como aquella hermosa dama le indicó con su mirada, se dejó llevar...
Y sus pies bailaban, y sus brazos creaban ilusiones en el aire.
Y cuanto mas bailaba y mas sonaba sentía un cosquilleo en los pensamientos.
Quien iba a decir que de una desgracia encontraría el paraíso de sus sueños.
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