sábado, 8 de marzo de 2014

Risas que me iluminaban la sonrisa.

El estruendo fue muy fuerte. Las risas se escuchaban tan cerca que me dejó inmovilizada por unos segundos.

Y lo recordé.

Los encontré sentados en un jardín, riendo con entusiasmo. Como una obra de teatro, nos encontrábamos pintados de muchos colores, con disfraces de nuestros héroes favoritos.
Nos mirábamos mientras reíamos, la complicidad se hacía mutua y la diversión crecía aún más.

Lo mío era una mezcla de ingenuidad y un descubrimiento que creía especial, era parte de la nueva cultura, una comunidad con pensamientos colectivos..

¿Cuanto tiempo ha pasado desde ese entonces? Las sillas se fueron vaciando, el frío se volvió mas fuerte, mis manos tiemblan con más facilidad y mis piernas ya no llegan a correr detrás de ellos.

No era superficial, era un conjunto de canciones que se podían escuchar con claridad. Los tonos eran muy variados pero se comprendían con rapidez. El mar me podía empujar con mayor facilidad, el miedo desaparecía, se esfumaba.

El dolor físico no podía frenar mis piernas ni mis brazos, el deseo y la resistencia se encontraban en mi hombro, provocándome una ilusión incomprensible pero cálida.

Escribía frases pequeñas, intentando acomodarlas, para dedicárselos a aquellos que me hacían reír, aquellos que me hacían llorar, aquellos que recién conocía y se encontraban en el mas allá.

La inocencia me envolvía como una masa a su contenido, evitando que me desbordara de miedos, inseguridades, angustia y cobardía.

Creía estar loca, me sentía una fugitiva de las sombras, una criminal sin salida. Pero ellos estaban ahí, protegiéndome, haciéndome creer que nada de lo que sucedía en mi cabeza era real, simplemente era parte de mi imaginación.

Era más fácil esconderme en ilusiones, en inciertos escondidos, en destinos lejanos, nada podía lastimarme tan fuerte como la realidad.

¿Que habrá cambiado?

El tiempo.
El recuerdo que no me hace olvidar.
Los golpes que aún duelen, mucho más.
Las cicatrices que ya no se pueden borrar,

Habrán sido mis manos que me taparon la boca por tanto tiempo hasta alejarlos. El haberme puesto zapatos que no me correspondían para ahuyentarlos. Les robé el tiempo para quedarme con ellos por poco tiempo... quizás.

Quizás sólo el tiempo me corrió de los demás.

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