lunes, 18 de febrero de 2013
Una mente volátil, y muchos peces en el aire.
A veces cuando creo que un cambio viene para quedarse termina siendo solo parte de un transcurso en mi vida. ¿Nunca les pasó de convencerse que sería algo eterno y terminó siendo algo bastante corto en su vida? Así me pasa, continuamente.
Me desvivo por mantener alguna rutina pero fracaso cada vez que me tiro al mar a buscar nuevos peces.
Hoy cuando desperté hice por última vez la rutina que estaba intentando memorizar en mi cabeza.
Hoy llegué, abrí las ventanas, acomodé las planillas y me senté a esperar. Esta vez no me esperaba un café con medialunas o un té con un pan recién horneado. Hoy me esperaba una llegada, o una llamada.
Di mis explicaciones, me prometieron un mejor sueldo, mas tiempo, mas tranquilidad y mejor trabajo, pero negué todo con respeto y amabilidad.
Segunda vez que pude renunciar sin apagar el celular por una semana ni inventando un accidente automovilístico.
Me di cuenta que desde que ese señor me habló, dejé de bajar la cabeza y aceptar retos injustos solo por un poco de plata o dignidad que creía conseguir.
Una vez, no hace mucho un señor mayor me entregó un papel que había escrito mientras mi jefe y mi compañero de trabajo no veían, era un desconocido que solo iba al restaurante a arreglar unas máquinas, yo trabajaba de camarera en ese entonces, cuando apenas empezaba mis estudios universitarios y estaba llena de expectativas en mi cabeza, mucho mas que ahora.
El papel consistía en estas palabras: "No te dejes tratar así" Juro que en ese momento creí que ese hombre simplemente deliraba, porque nadie me habia tratado mal, apenas comenzaba a trabajar y tanto el hombre como yo eramos nuevos en ese lugar, ya que hace poco habian instalado el resto bar.
El hombre me hablaba con humildad e ilusión, así como se escuchan en los niños, con sus ilusiones de vida y sus sueños por cumplir, así, su voz, un poco temblorosa por su edad me contaba historias y me daba consejos para mi comienzo de mis metas, aún hoy recuerdo todo con mucha claridad.
En ese tiempo yo estaba un poco perdida en el olvido, un tanto alejada de mi alma, lo recuerdo bien, porque siempre que salía intentaba correr para llegar rápido a la parada y perderme arriba de él mientras viajaba hacia la estación de tren.
Unos días después de su visita, injustos sucesos comenzaron a suceder en aquel resto bar. El dueño me trataba mal en frente de todos y de cualquier problema me culpaba a mi siendo él el responsable. El último día lo noté ebrio, y ya no me gustó para nada, con su voz resbaladiza y sus indicaciones tan fuera de lugar recordé automáticamente aquel papel.
Creo que si hubiese estado en otro contexto hubiese aguantado con tal de mantener un trabajo y juntar lo suficiente para irme. Pero me di cuenta que si lo iba hacer lo iba hacer bien.
Recordé el valor de aquel papel, y el valor que ese papel me dio a mi.
Decidí renunciar, y en aquel lugar dejé de frecuentar.
Aún recuerdo esa batalla como una guerra con una copa victoriosa en mis manos, habia sido la primera vez que habia terminado en algo cálido y no tan solitario.
Mi cabeza comenzó a funcionar mejor. Me di cuenta que yo manejaba tanto mis sueños como mi manera de conseguirlos. Me di cuenta que aún era joven para sentirme tan fracasada, y que el tiempo iría de mi lado si tan solo buscaba la manera de cambiar las cosas por gusto y no por obligación.
Al día siguiente me corté el pelo, cambie mi vestimenta clásica por una diseñada por mi misma y tiré todo aquello que realmente no servía en mis cajones.
Dolería cambiar, pero sería divertido volver a experimentar, y como un niño curioso recorrer los juegos de la vida y encontrar su objetos y lugares favoritos.
Así fue, como volviendo a casa, mientras juntaba tapitas del suelo para hacer algo con ellas comenzaba a planear un nuevo proyecto.
Ahora que manejo mi vida, puedo verme reflejada en el aire, como un pez lleno de vida.
Esta tormenta terminó con un arco iris y con peces nadando en el cielo.
No me creerías, pero el que no cree no sueña.
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