Tuve la oportunidad de subirme a las montañas, de correr sobre el mar, de mirarte a los ojos y simplemente suspirar.
Las gotas caen de la canilla, se va vaciando mi corazón, y cada día que veo el amanecer se estremecen las flores del jardín porque hay almohadas que sobran.
La poderosa forma de sonreír por las mañanas, como si fuera una contradictoria película surrealista en mi imaginación, eso necesito.
No me malinterpretes cuando digo que necesito tus manos para abrigarme en este largo invierno. No es solamente un compromiso saber cuales son los puntos que necesito saber acerca de mi intimidad y la tuya, esa necesidad de vaciar la amargura, de encontrar el punto justo de la satisfacción y el amor infinito. Yo solo espero que puedas subir sobre mi piel y escucharme gritar de felicidad.
La mágica manera de brillar, mientras escucho una dulce melodía, sonriendo por aquellos recuerdos que endulzan mis pasos, caminando hacia donde sea, simplemente sabiendo que al volver estarás ahí, extrañándome y esperando que esa noche haga mucho frío.
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