miércoles, 17 de diciembre de 2014

Encajar en un estatus mental.

Mi cabeza se convierte en remolino cada vez que me siento a escuchar una música reflexiva. Tengo la sensación de preocupación por algo abstracto en mi cabeza, sin definición.
Una nube llena de telarañas, esperando que la lluvia corra todas esas ideas confusas.

Creí que la mejor manera de aclararlas sería arriesgarme a abrir las ventanas esperando que algo-alguien hiciera magia. Pero no fue así, cuando la tormenta se avecinó corrí desesperada a cerrar todas las puertas y ventanas de mi corazón. Me sentí vulnerable, inundada por un huracán imaginario, hecho de papel.

Estoy emocionalmente asustada de las tormentas vecinas, necesito un empujón para rescatar lo poco que queda de aquella niña revolucionaria.
Me quedo cada vez más corta con las palabras, con la imaginación, y con las ganas de desprender todo el brillo de mi piel.

Quiero abrir la alas, poder volar, no tener miedo de estrellarme, sentirme más segura de lo que digo, porque al fin y al cabo es una realidad paralela que tarde o temprano tendré que aceptar.


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