El mar.
Disfrazada de la mejor sensacion: la felicidad.
No podía ignorar su reflejo en él, era lo mas divino después de su paraíso.
Quería conservarlo, porque era suyo, ya era parte de su paisaje.
La melancolía le quedaba bien, se podía combinar con su mejor sonrisa y resaltaba con su collar de perlas.
El tiempo ya se rompió, pero aún no las esperanzas...
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