Encajaba en mis pies, perfectamente.
Unos zapatos verde musgo que hacían resaltar el color de mi vestido. Era de un estilo vintage, heredado de mi madre.
El atardecer se acercaba pero aún mis pupilas podían sentir ardiente el sol, ¿lo pueden sentir? porque así lo sentí yo. Ese Sol, que iluminaba aquella naturaleza viva y muerta de mi alrededor.
Tenía ganas de cantarte una canción, susurrando cada melodía, con pausas y puntos suspensivos en cada deseo.
Y estuviste ahí, abrazando cada cariño de mi boca, mientras perdías tu mirada en mis manos y mis pies.
Aquella tarde, exactamente aquella tarde todo cambió, aquella tarde sentí un dolor y una caricia en mi corazón.
Por vos, amor.
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