miércoles, 18 de mayo de 2016
Cafe a las siete de la mañana.
Y entonces él le pregunta - ¿queres cafe? -
Ella le responde pero no se qué porque yo había desaparecido de la escena.
Preferí entonces responder por ella, en silencio, mortificada por las palabras que en algún momento surgieron, convencida que era una sensación que no se decía pero que si se sentía.
Ese gesto tan insignificante me hizo creer que todo este tiempo no había crecido nada mutuo, solo una línea contigua llena de caprichos y manipulaciones.
Esa mirada inocente me hizo creer que había un lugar en su mundo, un propósito en la vida que quería ser compartida,
...o destruida, como en este momento.
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