"El soñador que se ha levantado, pierde aquel sueño que pudo haber alcanzado,
pues la realidad no es más que lo contrario a lo deseado,
y del delirio a la verdad solo es posible soñando."
Es muy pronto para decir adiós a los recuerdos escondidos en mi piel.
La superficialidad, la obligación de fingir y disfrazarse de la persona mas fría y vacía es una condición que todos llevamos en algún momento de nuestras vidas, y es en ese momento cuando decidimos si queremos sostenernos con los dos pies o saltar y liberarnos de todo el mal que nos imponen en nuestros hombros al nacer.
Si volviéramos a caminar por donde alguna vez pisamos seguramente haríamos lo mismo por más que sepamos que años después significaran una lucha profunda o un cuadro incompleto. Porque a pesar de tener control propio no podemos modificar a veces lo que anhelamos o nos olvidamos de cuidar, pero no es una razón para entorpecer nuestro corazón.
La amistad, el amor, la felicidad, la familia y los momentos que se atesoran como viejas películas surrealistas dentro de nuestras cabezas, son las que nos despiertan cada noche al cerrar los ojos...
Humillarnos a nosotros mismos no serviría de nada, esconderlas en baúles oxidados no ayudarían en nada, atesorarlos cada mañana y acariciarlo cada vez que vengan a nuestras mentes sería ideal para empezar a crecer y desarrollar nuestro corazón como se debe.
A pesar de ver como cambia lo externo no quiero volverme ajena a los recuerdos que en algún momento me mantuvieron en el cielo.
Y quizás esa fue la razón por la cual me planté en frente de ella y la salude con entusiasmo, porque a pesar de los años, los recuerdos de mi infancia siguen vivos dentro mío como la primera vez que los experimenté.
Con respecto a la frase inicial, lo se, es completamente contrario a lo que escribí, pero realmente es esa mi idea cada vez que caigo en el abismo de mis pensamientos, es inevitable no tenerlo presente, a pesar de que en esta noche mis palabras sean positivas.

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