sábado, 3 de mayo de 2014

¿Sabes?



Quería impedirlo, pero se hizo difícil. Intentaba controlar el impulso, porque esta vez me sería imposible concretar mis deseos.

No había comenzado bien, metida en un mar de gritos y risas, mis nervios se habían apoderado de mi cuerpo, quería correr lejos hasta encontrarme completamente sola, pero seguí.

Y llegué.

La charla se hizo monótona, preguntas, idas y vueltas pero nada que me haga entender el por qué de sus actos.

Luego de un largo silencio, de tu boca escuché
- ¿Sabes quien sos?
 Quise darte la mejor respuesta, pero no pude, luego de todo el discurso, improvisado, el tema terminó.
Me quedé pensando un largo rato, y vos también, pero ninguna supo entender cual era realmente la respuesta. Vos hablabas de espiritualidad y yo no sabía como entenderlo, me separé de mi cuerpo pero no logré encontrar una respuesta que valiera para las dos.

La charla continuó como si nada, creo que había alejado tanto las voces que me concentré en cada palabra suya. Algunas dolieron pero las comprendí con perfección. Ahí fue cuando me di cuenta que las dos estábamos perdiendo el tiempo.

Yo no tenía que estar sentada ahí, ni ella hablándome, después de un mes sin hablarnos.

Las cosas estaban más que claras. Habían funcionado una vez, con suerte, porque lo necesitábamos (o yo lo necesitaba)

No hablé de nada más que de mis ideas externas, no quise invitarla a leer mis pensamientos porque iban a ser en vano.

Reflexioné y entendí que las cosas, mi forma de sentir, se habian desconectado de la linea delicada.

Supe cuando parar, porque si intentaba avanzar las cosas realmente me saldrían mal.

Todavía no es mi tiempo, todavía tengo que observar y analizar cada paso con tranquilidad, sin apurar ni saltar algún paso. No hay que caer dos veces.

Decidí esperar y no pretender conectarme con la linea delicada tan pronto.

Objetividad, decisión, equilibrio.
¿Cuanto habré avanzado?

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